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‘Farmacopea’ y las brujas

En ‘Diccionario en guerra’, la escritora Aixa de la Cruz ofrece una original mirada feminista, sin dogmas ni tabúes a partir de veintisiete palabras. Aquí va una de ellas.

Extracto de un post de Píkara Magazine

f

farmacopea

1. f. Libro en que se describen las sustancias medicinales que se usan más comúnmente, y el modo de prepararlas y combinarlas.

Según los datos, se duda de nuestro dolor tanto como de nuestra salud mental, porque somos las destinatarias del 85 % de las recetas de psicofármacos que se expiden en Occidente. Cuando vamos a la consulta del médico y decimos «me duele», no nos creen y nos drogan, y lo hacen con los mismos fármacos, además, que cuando nos sucede a la inversa, que cuando primero nos drogan y luego no nos creen. Me estoy refiriendo, claro, a las violaciones por sumisión química —que, según nuestro Código Penal, no son violaciones, sino abusos, a diferencia de lo recogido en legislaciones como la estadounidense que, desde 1995, considera un agravante la administración subrepticia de sustancias en casos de agresión sexual—, y al hecho de que, por más que a los medios les encante el exotismo de la burundanga, casi nunca es burundanga. Según los informes toxicológicos, en la mayoría de las víctimas que denuncian este tipo de ataques se detectan alcohol y benzodiazepinas, que es el nombre de la familia de la que provienen casi todos los ansiolíticos que consumimos. No hace falta recurrir al mercado negro para conseguir los ingredientes del cóctel zombificador perfecto, basta con abrir el botiquín y el minibar. Ni siquiera es preciso que el violador haga el trabajo sucio, basta con ir al médico de cabecera, seguir sus recomendaciones y quedar, más tarde, a tomar un vino con ese compañero del trabajo tan atento. A la mañana siguiente, la amnesia anterógrada y la culpa son nuestras.

Se responsabiliza a la burundanga de lo que nos hace el patriarcado en connivencia con el capitalismo —el sistema de salud en connivencia con las farmacéuticas—, cuando la burundanga está más cerca de haber sido nuestra aliada histórica que nuestra enemiga. Después de todo, la escopolamina —que es el nombre técnico de la droga— se encuentra en la mayoría de las plantas que utilizaban las curanderas medievales a las que quemaron en la hoguera. El beleño, el estramonio, la mandrágora y la belladona, cuyo alcaloide es muy parecido al de las tres anteriores, se utilizaban para aliviar los dolores de parto y, según sostienen algunos antropólogos, tambiénpara elaborar el ungüento con el que las brujas volaban en los aquelarres y a cuya administración por vía vaginal y con el palo de una escoba se atribuye la representación más icónica de estas.

Me gusta pensar que en Halloween las calles se llenan de niñas con consoladores psicotrópicos.

Me niego a que el patriarcado nos arrebate la droga por la que quemaron a nuestras abuelas utilizándola, como un arma de doble filo, en nuestra contra.

Me niego al diazepam.

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